Mones Cazón, 13 de Diciembre de 2009
Señor Intendente, Señores Concejales, señor Delegado Municipal, instituciones presentes, autoridades, Centro de Jubilados. Don Luis Fernández, sabemos que Ud. fue el de la idea de ponerle a esta calle, el nombre de “Doña Lucía”, idea que celebramos y agradecemos de corazón, como también a las autoridades que aceptaron la propuesta e hicieron de ello una realidad. Sabemos que conocía las virtudes de nuestra abuela, "Doña Lucía", como todos la llamaban. Ella tenía un corazón noble y un alma transparente, era humilde, trabajadora y solidaria. En su corazón había confianza, serenidad, era alegre y de un profundo cariño y respeto por todos. Aceptó con fortaleza una vida de trabajo para criar a sus numerosos hijos, ya que enviudó siendo muy joven. Más tarde también albergó a sus hijos y nueras viudas con sus nietos huérfanos, primero cuatro, luego cinco, y más tarde, otros cinco más. Siempre había lugar y comida en su casa. Supo aceptar con serenidad el dolor y la muerte de hijos y nietos. Su generosidad se extendía no solo a su familia, sino a la gente que venía del campo, que en su casa encontraba un lugar y un plato de comida.
En su vida realizó múltiples trabajos: fue partera, curaba enfermos, ayudada por sus hijas, lavaban y planchaban, confeccionaban colchones, acolchados y cuanta tarea les era posible para ganarse el pan para ellas y sus hijos. Todos trabajaban en su casa, su enseñanza y decencia, hicieron que la gente la reconociera y ayudara.
Ella siempre alegre y dinámica, con buen sentido del humor, tenía palabras de consuelo para los demás. Fue una mujer de gran corazón y para todos los que la conocimos, fue una caricia para el alma.
Hoy nos sentimos orgullosos, felices y agradecidos a todos los que han reconocido sus valores espirituales y morales.
Muchísimas gracias a todos y que Dios los bendiga.
Oni Pérez de Almirón
Enviada por: Luis Fernández